viernes, 29 de marzo de 2013

PLAN O IDEA

El hijo le comentó a su papá que tenía un plan: en el almacén grande que hay en la esquina, cerca de la casa, por la calle principal, venden motos y la más barata cuesta setecientos dólares, había pasado varias veces por ahí, preguntó en dos ocasiones y él se compraría una.
El padre empezó a explicarle: bueno hijo lo que tienes es una idea, no un plan. Papá, no me entiendes, ya lo he pensado y voy a comprarla. Tienes ahorros? Si, como cien dólares. Entonces faltan como seiscientos, ¿no es cierto? Eso lo estuve guardando para Navidad y no quisiera… Mmm, yo entiendo, pero la economía es así, los recursos son limitados y hay que analizar su destino… Estaba pensando pedirle a mi tío que me ayudara. Mejor no cuentes con eso, él tiene gastos que hacer y aunque te quiere mucho, pienso que tu insistencia solo le causará preocupación; mejor te ayudo con tu ‘plan’, ¿no crees? No quiero que él se sienta mal.
Yo sé; a ver, si puedes ahorrar cinco dólares semanales, necesitarías ciento veinte semanas …eso es como dos años y medio!. En efecto y mejor revisas los gastos de Navidad, no te olvides; o puedes pensar en un objetivo que no sea tan costoso. Si,  posiblemente después de dos años, las motos ya no costarán setecientos dólares, pero estoy muy emocionado. Debemos revisar, entonces, el tiempo que te tomará, eso se llama ‘cronograma’. Y si ahorro más? De acuerdo, con eso podrías reducir el tiempo; qué te parece si es que en vez de cinco, son diez dólares semanales. Bueno, tendría que revisar mis gastos… Así funcionan las cosas mijo, cuando realmente haces un plan, debes empezar por prever los escenarios, hacer ajustes, pensar en el tiempo y los recursos, observar lo que ocurre alrededor y no solo concentrarte en lo que deseas obtener, porque mientras haces algo, es posible que tengas que dejar de hacer otras cosas.
A propósito, ¿has preguntado los precios en otros lugares? No, la verdad es el único almacén que conozco y como siempre paso por ahí… Bueno, podrías evaluar si conviene comprar una usada. A mi amigo no le fue bien, su moto se descompuso varias veces y el arreglo no fue barato… Suele ocurrir eso, pero dejemos esa posibilidad pendiente; a veces hace falta un ‘plan b’, más adelante te acompañaría a preguntar en diferentes locales.
Debes tener claro que ahorrar diez dólares por semana exige que seas disciplinado, y recuerdo que antes te has distraído de tus objetivos… No vuelvas con eso papá, ya te demostré que he mejorado. Bueno; pero aunque no te lo diga, es un hecho que tendrás que sacrificar ciertos gastos, esas salidas al cine y algunos helados…
Con diez dólares por semana, de todas formas me tomará sesenta semanas!. Veamos qué más puedes hacer. La otra tarde que le ayudé a mi abuelo, me pagó cinco dólares y me dijo que a veces podría ir… Es una buena opción, hijo, tú ya sabes que trabajando puedes tener un dinero extra, pero a tu edad los chicos necesitan jugar y tener otras actividades; así es que, como en todo plan, debo preguntarte si es que esos sacrificios valen la pena. Creo que puedo ir dos tardes entre semana, esos días haría mis deberes rápidamente y sin ver televisión, los otros días puedo salir con mis amigos, entrenar y jugar en el parque. Muy bien mijo, ¿te das cuenta que ahora tú mismo estás planificando?
Si, ahora tengo una idea del tiempo que necesitaré –comprendo que no será inmediato–, los recursos que debo destinar –los gastos en Navidad no serán los mismos–, además me estoy comprometiendo con algunos sacrificios –no saldré todos los días con los amigos y dejaré de ir a veces al cine–, trabajaré algunos días con el abuelo y destinaré el tiempo que antes dedicaba a otras cosas, y finalmente cuento contigo para revisar un ‘plan b’ en caso necesario.
Papá, ¿por qué hay personas que piensan que es difícil hacer planes? Porque a veces piensan que planificar es subir las ideas a la estratósfera, en lugar de aterrizarlas, o que tomarán mucho tiempo en el diseño y son muy importantes para eso. Otras veces la gente supone que es suficiente tener ideas o imaginación. Esta es importante, claro, pero no es suficiente. No sabes lo frecuente que es que las personas se entusiasmen con las ideas, pero no se comprometan con los sacrificios. Incluso hay empresas en las que creen que un plan es una acumulación de ideas.
Hay actividades que requieren mayor planificación, en otras los cálculos son complicados como en los edificios que estaba diseñando tu tío, ¿te acuerdas? Estuvimos conversando si es que esa construcción podría soportar una piscina en el último piso y si es que los compradores estarían dispuestos a financiar el costo adicional.
Pero debes saber algo más: hay personas a quienes les basta desear las cosas para tenerlas y algunos siempre han tenido alguien que las haga por ellos; creo que por eso hay quienes pasan por alto lo que otros aprecian. Sin embargo, la mayoría de la gente que se encariña con las cosas, no es porque sean materialistas, sino que saben que las cosas no tienen solamente un valor intrínseco, sino todo un esfuerzo, una ilusión y un plan que las hizo posible.
Omar Albán Cornejo

martes, 18 de diciembre de 2012

COMO UN SUEÑO

Este texto fue creado muchos años atrás y, en su versión revisada, se publicó en junio de 1996 en el número 9 de la revista Horizonte Universitario del Nuevo Acuerdo Estudiantil, en la Facultad de Jurisprudencia de la PUCE. Para mi sigue siendo actual y un homenaje renovado este 18 de diciembre, después de 25 años.



COMO UN SUEÑO

Hay un momento –sin lugar–, en que los sentimientos y pasiones, la historia y la realidad se confunden; que no es un sueño y quisiéramos fuera un cuento.


En la niñez, los adultos parecen un modelo constante; con el paso del tiempo el criterio cambia, pero hay personas que no se olvidan. De esos años se recuerdan detalles que impresionan y hechos que modifican nuestra existencia.


Susy era muy especial. Siempre ocupada en algo, leía mucho, escribía; la recuerdo haciendo del arte su compañía predilecta, dedicada a la pintura, la música, la poesía. Aún no puedo descifrar algunos de sus pensamientos, que de pronto impactaban. Hacía infinidad de cosas: postres, adornos, miniaturas…


Tenía siempre una mirada y una sonrisa que brindar. Su mirada profunda, sincera, tierna; una sonrisa delicada, apenas dibujada: misteriosa. Su mirada y su sonrisa, aunque alegres, guardaban un toque de tristeza inexplicable.


Era ocho años mayor, sin embargo teníamos mucho en común, hacíamos infinidad de cosas juntos, nos ayudábamos y brindábamos mutua compañía sin necesidad de utilizar palabras huecas o trilladas.


Ella me enseñó a convertir el frío papel de partituras en cálidas melodías –nunca fui en esto su mejor alumno, pero tal vez sí el único–; con ella jugaba de niño, oía música, nadaba… Hace tanto tiempo, pero no puedo olvidarla.


Entre todo lo que me enseñó, recuerdo especialmente una canción que en una parte decía:


pero un día, seducida por el aire,

de la mano de la noche se marchó




Yo no entendí, quizá ella lo sabía, tal vez lo presentía…


que será de aquella piel de miel,


que será de su mirada,


que será cuando el otoño cruel


le madure y marchite su piel.


Hace varios años, junto con la vida de aquel día, la suya terminó… nunca más la vería; su mirada, su sonrisa, todo lo que ella era para mí, al comienzo de ese día dejó de existir.


Prefiero no recordar. Fue un paro cardíaco, según los médicos; sería tal vez ese medicamento contraindicado, ordenado por un seudo-profesional, obnubilado por la emoción de la Navidad? …de esa Navidad que ella nunca vivió!!  Acaso un pequeño descuido en el que se decía el “más moderno y mejor hospital del Ecuador, uno de los mejores de Sudamérica” … Ja!!


Si alguien cree en la Justicia –como yo– seguro comprende que no puedo aceptar que todo acabó… al menos no así; no mientras el responsable –quizá no doloso, pero sí negligente: el resultado es el mismo–, vista de blanco y se ría de una legislación obsoleta… y escupa con indolencia su irresponsabilidad sobre una tumba.


Lo cierto es que Susy ya no está. Me quedan los hermosos recuerdos de quien compartió conmigo doce de sus veinte años; de mi mejor amiga: mi hermana.


Hay un espacio –sin tiempo–, que seguirá vacío, y en él solo parece estar suspendida una gran interrogante, como en un sueño, queriendo ser un cuento.


Omar Albán Cornejo